En el marco del Día Mundial de la Hipertensión, el Dr. Jorge Jalil Milad, director alterno de CENDHY y presidente de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (SOCHICAR), advierte sobre la urgencia de fortalecer la prevención, el diagnóstico oportuno y el control de esta enfermedad.
Por Dr. Jorge Jalil Milad
Director alterno de CENDHY
Presidente de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (SOCHICAR)
Cada 17 de mayo, el mundo vuelve a recordar una realidad que todavía no logra enfrentar con la urgencia necesaria: la hipertensión arterial sigue siendo el principal factor de riesgo cardiovascular y, sin embargo, continúa siendo ignorada por una parte importante de la población.
Las cifras del segundo Informe Mundial sobre Hipertensión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en septiembre de 2025, son claras: 1.400 millones de personas en el mundo viven con presión arterial alta, pero solo una de cada cinco la tiene bajo control. No se trata de una estadística nueva, sino de una señal persistente de una deuda sanitaria que aún no hemos logrado resolver.
En Chile, la situación refleja esa misma paradoja. Aproximadamente uno de cada cuatro hombres y una de cada cinco mujeres vive con hipertensión arterial, lo que equivale a más de cuatro millones de personas. Y aunque existen razones para el optimismo, los desafíos siguen siendo enormes. Porque una cosa es diagnosticar y otra muy distinta es controlar: apenas un 33% de las personas hipertensas tiene su presión arterial controlada. Es decir, dos de cada tres personas que ya saben que tienen hipertensión siguen expuestas a sus consecuencias más graves.
El problema no es solo médico. También es cultural, social y educativo. Aunque hoy existe más información disponible que nunca, la conciencia sobre esta enfermedad sigue siendo baja, especialmente entre los hombres. Las mujeres, según la última Encuesta Nacional de Salud, no solo se controlan más, sino que también presentan mejores tasas de tratamiento. Esto no es menor: la hipertensión puede comenzar a desarrollarse desde los 30 o 40 años y, cuando no se detecta a tiempo, puede pasar años generando daño en silencio.
¿Estamos haciendo lo suficiente para prevenirla? La respuesta es no. A pesar de que las recomendaciones son claras —mantener una alimentación saludable, realizar actividad física de forma regular, reducir el consumo de sal, no fumar y asistir a controles médicos periódicos—, seguimos normalizando hábitos que nos acercan peligrosamente al riesgo cardiovascular. Y, quizás lo más preocupante, seguimos tratando la hipertensión como un problema exclusivo de las personas mayores, cuando hace tiempo dejó de serlo.
Hay que actuar desde temprano. Necesitamos campañas educativas permanentes, estrategias de detección masiva en espacios laborales y comunitarios, y mayor acceso a tratamientos eficaces. Pero, sobre todo, necesitamos avanzar hacia una nueva cultura de salud cardiovascular, que entienda que no basta con tomar medicamentos: también es necesario transformar el estilo de vida, desde la mesa hasta la rutina diaria.




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