La respuesta depende del nivel de colesterol LDL y del riesgo cardiovascular de cada persona. Una alimentación saludable y la actividad física son fundamentales, pero en determinados pacientes el tratamiento farmacológico resulta necesario para prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares.
Cuando un examen muestra niveles elevados de colesterol, es habitual preguntarse si basta con modificar la alimentación y realizar más actividad física o si será necesario comenzar un tratamiento farmacológico. La respuesta no es igual para todas las personas.
En una entrevista publicada por la revista Salud a Diario, el Dr. Jorge Jalil, director alterno del Centro de Nuevos Fármacos para Hipertensión e Insuficiencia Cardiaca (CENDHY) y presidente de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, explicó que el colesterol debe abordarse desde una perspectiva integral, considerando tanto las características biológicas como el contexto general de cada paciente.
El colesterol cumple funciones esenciales en el organismo: forma parte de las membranas celulares y participa en la producción de hormonas y otras sustancias fundamentales. El problema aparece cuando ciertas lipoproteínas que lo transportan por la sangre, especialmente las asociadas al colesterol LDL, se encuentran en exceso.
A lo largo del tiempo, un nivel elevado de colesterol LDL puede favorecer su acumulación en las paredes de las arterias. Este proceso, denominado aterosclerosis, estrecha progresivamente los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de infarto al miocardio, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares.
No se trata solamente de un número
La decisión de utilizar medicamentos no debe basarse únicamente en el colesterol total ni en un valor aislado. El profesional de la salud debe evaluar el perfil lipídico completo y estimar el riesgo cardiovascular individual.
Para ello se consideran, entre otros antecedentes, el nivel de colesterol LDL, la edad, la presión arterial, el tabaquismo, la diabetes, la función renal, la historia familiar y la existencia de enfermedades cardiovasculares previas.
Una misma cifra puede tener consecuencias y requerir decisiones diferentes según la situación de cada paciente. Por eso, el resultado de un examen siempre debe interpretarse dentro de una evaluación clínica integral. Las guías actuales establecen metas de LDL más exigentes para las personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto.
Los hábitos saludables siempre forman parte del tratamiento
Independientemente de que se indiquen medicamentos, una alimentación saludable y la actividad física son componentes fundamentales del cuidado cardiovascular.
Se recomienda disminuir el consumo de grasas saturadas y grasas trans, presentes en distintos productos ultraprocesados, frituras, embutidos y cortes de carne con alto contenido de grasa. Al mismo tiempo, es conveniente incorporar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado.
La actividad física regular contribuye a mejorar el perfil metabólico, controlar el peso, reducir la presión arterial y disminuir el riesgo cardiovascular general. Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol también forma parte de una estrategia integral.
En personas con una elevación moderada del colesterol y un riesgo cardiovascular bajo, el equipo tratante puede indicar inicialmente cambios intensivos en el estilo de vida y evaluar su efecto mediante nuevos controles. Esto no significa que el seguimiento médico deje de ser necesario.
¿Cuándo pueden ser necesarios los medicamentos?
El tratamiento farmacológico adquiere especial importancia cuando existe una enfermedad cardiovascular previa, niveles muy elevados de colesterol LDL, hipercolesterolemia familiar o un riesgo cardiovascular alto debido a la combinación de distintos factores.
Las personas que han sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular, por ejemplo, presentan un riesgo mayor de experimentar un nuevo evento. En estos casos, reducir el colesterol LDL no solo modifica un resultado de laboratorio: constituye una medida destinada a prevenir nuevas complicaciones.
La hipercolesterolemia familiar también requiere especial atención. Se trata de una condición hereditaria que puede producir niveles elevados de LDL desde edades tempranas y aumentar considerablemente el riesgo cardiovascular si no se diagnostica y trata oportunamente.
Las estatinas continúan siendo el tratamiento farmacológico inicial más utilizado para reducir el LDL y el riesgo cardiovascular. Dependiendo de la respuesta y de la situación clínica, el equipo médico puede utilizar otros medicamentos o combinaciones terapéuticas.
¿Es peligroso reducir demasiado el colesterol LDL?
El objetivo del tratamiento no es eliminar el colesterol del organismo, sino reducir el LDL hasta una meta adecuada para el nivel de riesgo de cada paciente.
En personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto, las metas pueden ser considerablemente más bajas que en la población general. La evidencia disponible respalda que alcanzar niveles muy bajos de LDL mediante tratamientos indicados y supervisados por profesionales reduce la posibilidad de nuevos eventos cardiovasculares, sin que se hayan demostrado efectos adversos atribuibles únicamente a esas concentraciones bajas.
Una decisión que debe ser personalizada
Los hábitos saludables y los medicamentos no deben entenderse como opciones necesariamente contrapuestas. Para algunas personas, los cambios de estilo de vida pueden ser suficientes durante una primera etapa. Para otras, la mejor protección se obtiene combinando estos cambios con tratamiento farmacológico.
Frente a un diagnóstico de colesterol alto, la recomendación es solicitar una evaluación profesional y evitar tanto la automedicación como la suspensión de un tratamiento ya indicado. Conocer el riesgo individual permite tomar decisiones oportunas y reducir la posibilidad de complicaciones futuras.

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